
Como esa calma que antecede a la tempestad, así, a tono con el mundo se ha despertado el día hoy en esta ciudad de Montevideo sorprendida aunque acostumbrada, escamada de las idas y venidas.
La tormenta se acerca, no se escuchan sonidos, el silencio se adueño del paisaje y es probable que los vientos hagan de la suyas.
Cuando, a través de mi ventana observo el viento soplar me imagino que lindo sería si no sólo levantara cables, cartelería, papeles, hasta árboles añosos, sería tan gratificante que levantara y se llevara bien lejos algunos políticos de turno que ponen piedras en el camino a aquellos que quieren hacer algo.
Espero que después de la tormenta venga la calma y podamos convertirnos en personas optimistas.

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